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AROMA A JAZMÍN

Era un atardecer cálido del mes de noviembre, el sol iba perdiendo su nitidez y comenzaba a esconderse por detrás de las fachadas de los edificios de Buenos Aires. La gente salía de las oficinas, se cerraban los comercios y las luces empezaban a brillar en la gran ciudad. La ciudad que nunca duerme. Alexandra era una más en esa multitud, su vida no tenía nada de extravagante, al contrario, sentía que la rutina la estaba agotando; pero no poseía muchas opciones para abandonar lo que venía haciendo desde hace varios años. Esa tarde, caminó despacio hacia la parada de colectivo y sintió ganas de dar la vuelta y deambular con rumbo incierto. Pero recordó que sus pequeños de 8 y 11 años aguardaban su arribo al dulce hogar, por llamarlo de algún modo. Ella amaba a sus hijos, por ellos vivía y se desvivía. Pero por ellos también se había olvidado cuánto había en su cuerpo de mujer. Hacía cuatro años que su marido la había abandonado por una bella veinteañera y todavía no ha...

EL DESPERTAR

En algún lugar sin nomenclatura desperté; aunque no sabía a ciencia cierta si había estado durmiendo. Sólo atiné a balbucear; pero las palabras no podían salir de mi garganta. Y tuve miedo; creí que tal vez ya no existía; no existía como ser de carne y hueso; pero sí como ser espiritual. De pronto, comprendí que podía estar allí esperando la decisión del Tribunal Superior Divino. Qué veredicto decidirían: culpable o inocente. Una decisión muy ardua, más teniendo en cuenta, que todo acto ejecutado en vida, lleva impregnado la vulnerabilidad de haber sido realizado por una simple mortal dotada de infinitas contradicciones. Pero no, no había pasado a mejor mundo ni tampoco había descendido al reducto de las tinieblas. Lo supe cuando pude corroborar el dolor que sentí al morderme los labios, plagada de impotencia y de terror. Sin embargo, seguía sin poder moverme, sin poder emitir sonido, sólo escuchar los ecos de mi conciencia aturdida. Al fin logré serenarme, no era cuestión de volver...

HIJAS DEL RIGOR

Nadie cambia a nadie, salvo a uno mismo   “Si tiene solución, ¿por qué lloras? Si no tiene solución, ¿por qué lloras?” No entiendo a las mujeres que quieren escapar del sufrimiento, desbandándose por un callejón sin salida, camino a lo que les hace daño. Conozco infinidad de ejemplares femeninos que van directo a la boca del lobo para ser devoradas, pausadamente, en reiteradas ocasiones. Luego fingen sufrir, le atribuyen su suerte al destino, a la mala onda, a la envidia, etc. Y nunca se hacen cargo de sus actos, de sus decisiones, de sus enfermizas determinaciones. Creo que no hay una sola damisela en este universo, que no haya caído alguna vez en este tipo de agujero. Algunas aprenden al primer tropiezo, otras luego de varios coscorrones y un número cuantioso de ellas no quieren instruirse nunca, para lograr aprender a auto defenderse de las aflicciones. Son hijas del rigor, como vulgarmente las llamamos. Ahí las vemos, a veces cabizbajas con la mirada perdid...

NI UN PELO DE ZONZO

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Todo cambia, los años tiñen los cabellos, los matizan y a veces sin un por qué aparente, los marchitan y los hacen caer antes de que la cronología así lo indique. Y sí, los hombres padecen de ese problema, el cuál es estudiado por la ciencia; que busca, una y otra vez, dar con la cura en el menor plazo posible. Mientras tanto, el que espera desespera. Y continúa al aguardo del milagro que nunca se digna en llegar. Por eso, en el ínterin, se aprovecha de buen gusto la moda de cabezas rapadas, para que todos puedan lucir su calva sin culpa. La historia arranca en la década del 50, cuando un muchacho muy guapo y codiciado de Paternal, se fogueaba en los bailongos con su estupendo jopo petitero, al ritmo de Elvis Presley y de Los Plateros. Las jovencitas suspiraban al verlo arribar, con su saco con tajitos de costado y sus tres botones al frente; la camisa de cuello redondo para traba y las mangas para gemelos; el pantalón ajustado, marcando su espléndida figura, al ritmo del rock ...

EL VENADO

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Si los muchachos supieran todos los preparativos, las emociones, los cosquilleos, las charlas precedentes; que sienten las chicas, en la previa, antes de ir de parranda. Si estarían al tanto, jamás osarían tener el tupé de mofarse de tan sólo una mujer nunca más. Al contrario, tendrían que rendirle pleitesía a cada femineidad que se pasea frente a sus estirpes, sean ellas agraciadas o no tanto. Y así, de esa manera revolucionaria, un grupo de ninfas adolescentes se preparaba para ir a bailar. Unas eran más lindas que las otras, las otras tenían más lomo que las primeras y las que no poseían ni lo uno ni lo otro, al menos tenían cerebro. Partieron esa noche, con las hormonas revueltas, en busca de algún romance fortuito o duradero, eso dependía muchas veces de la presa que se presentase. Las más atractivas salieron a bailar con algún galancete de turno o simplemente solas al umbral de la pista. Pero, para Lodian nunca fue fácil recorrer las discotecas de moda, tenía complejo con s...

AMOR SIN BARRERAS

Estar solo o sola tiene sus beneficios, nadie se entromete en tus asuntos, ni te dice lo qué hacer y lo que no. Asimismo, no tenés que estar marcando boleta en algunos casos, o celar insensatamente en otros. Ni llevar cuernos ni hacerlos llevar. En contraposición, también uno no tiene en quién refugiarse en los momentos de soledad ni recibir un millón de mimos acogedores. Por esa razón, estar en pareja tiene sus pros y sus contras. A mí me pasaba que por períodos prolongados gozaba de mi soltería, pero siempre preguntándome cuándo llegaría mi príncipe azul. Lamentablemente, la mayoría de las veces los galanes que se presentaban afloraban de distintos tonos y matices; pero nunca traían consigo el zapatito perdido. Luego de haber sufrido por amores que no fueron, y de haber celado más de lo imaginable al divino botón, llegó a mi vida un muchacho común, laburador, inteligente y bien vigoroso. No me volvió loca de remate, pero pensé que eso era fruto de la madurez. Me venía bi...

DE PATITO A CISNE

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Y me la creí, sí tuve mi época de flaca creída. Algunos se habrán preguntado, de qué se la da esta mina. Pero tuve mi tiempo glorioso en que me llevaba todo por delante, hasta que me llevé por delante un umbral entero. Y el episodio comienza cuando el patito feo se transforma en cisne. Al percatar que los chicos primero te miran, para luego desearte. Recuerdo un día al salir de la escuela secundaria, en los comienzos de mi primer año, donde no sos ni chicha ni limonada, aún siendo más pato que cisne; unos muchachotes que se la daban de no se qué, repartían entradas gratis para el boliche Ateneo (era la disco grasa de los 80), pero obvio para una mujercita creciendo, cualquier entrada era un piropo, porque significaba una invitación. Pero al pasar por delante de ellos, con la cabeza cabizbaja, uno en tono burlón me dijo: -No dejes de venir. Y se rió de modo socarrón, conjuntamente, con sus otros amigotes. Me fui enfurecida y triste. Me habían quebrantado la autoestima en pleno d...