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Una flor de papel

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  Sábado a la noche, volver a salir luego de semanas de dedicarlo a otras cosas. Un bar, música, tragos y encuentros. No soy de beber alcohol, más bien soy abstemia. Pero esa noche quería sentir algo diferente. Con mi hermana, pedimos clericó. Y bebí más de la cuenta, media jarra aproximadamente, lo suficiente para sentirme algo mareada, pero no más que eso. Bailé mucho, como de costumbre. Amo la música y mover el cuerpo al compás del ritmo. Discutí con un fanfarrón, engrupido de nada, paveé, etc. Conocidos, algunos... En especial, el disck jockey. Cuando me vio aparecer se quedó inmóvil. Luego me saludó. Al rato me acerqué a la pista. Él estaba dentro de la cabina con su minita de turno. Lo miré. Él me miró. Y yo me puse a bailar primero con uno, luego con otro, luego con nadie. En eso sale de la cabina y se pone a bailar cerca de mí, a hacerse ver. Me miraba, me hacía gestos de que sonría, me sonreía.  Dos admiradoras suyas no se le despegaban, de mí tampoco lo hacían unos g...

EL GRITO

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Ellos se conocieron en la escuela secundaria, se vieron, se enamoraron, y ahora que ambos se estaban recibiendo de cirujanos plásticos, decidieron ponerle un anillo a este amor sentimental –profesional.   Estaban organizando la gran boda, ya tenían contratado el salón, acaban de elegir el menú adecuado, las parejas de padres reñían por la cantidad de invitados, por la ubicación de las mesas principales, por la disposición del entretenimiento y toda una serie de menesteres que traían más discordia que unión familiar. Los tortolos quedaron en encontrarse para repartir casa por casa las invitaciones, estaban emocionados, todos los recibían con una exquisita bienvenida, llena de deliciosos manjares. Ya no les quedaba espacio en sus vientres, ni les cabía una tajada más de nada. Y lo importante, era que sí les entrasen   los trajes confeccionados para la ocasión ceremonial tan próxima a la fecha. El novio, llevó a la novia a su hogar, la despidió con un cálido beso, pero esta...

UN PERRO, UN HOMBRE, UN ABISMO

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Una pareja conversaba, discutía, conversaba, discutía, estacionados en Dean Funes y Humberto Primo, de la Ciudad de Buenos Aires; estaban en su mundo. Con los problemas cotidianos, controversias sobre cómo educar mejor a sus hijos, con sus propias crianzas disímiles a cuestas. Planeaban sus futuras vacaciones, eso era un tema por demás complicado de por sí, en un país con pocas garantías económicas. En cualquier otra parte del buen mundo, ese sería un tema  doméstico más. Solo se debería consensuar el lugar correcto para descansar y pasarla bien, y eso sería todo. En cambio, en Argentina, eso conllevaría a tener que dejar de realizar otros sueños por delante. Ahí estaban ellos, en su burbuja, cuando un hombre de mirada triste se la pinchó al arrimarse por la ventanilla del auto de la pareja, con un “disculpen”, ahí empezó un sinfín de alegatos que las dos personas del habitáculo no llegaron a escuchar en un primer momento, pero que el señor de mirada cabizbaja seguía insistien...

"CARPE DIEM" DIARIO DE UN AMOR QUE NO FUE

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  “ Carpe díem, quam minimim credula postero ”. Era un verano en las postrimerías del siglo pasado. Hacía unas semanas que ella no tenía noticias de su gran amor. Un amor que había nacido poco a poco en la facultad de Ciencias Sociales, donde ambos estudiaban una carrera en común. Esa atracción no sucedió a primera vista. Se fue construyendo, se fue consolidando hasta transformarse en un sentimiento sólido, inquebrantable. Al principio, se miraban sin verse. No habían develado aún la esencia de uno en el otro, que luego los llevaría a unirse en charlas exquisitas, en debates profundos, en ironías cómplices, en ideologías comunes, en fascinaciones evidentes. Él era un chico atractivo, seductor. Ella tenía un no sé qué que la hacía única. Pero cada uno tenía su vida, sus amoríos, sus historias, sus presentes, sus propias realidades. Ella estuvo un tiempo de novia. Él iba y venía de flor en flor; pero no se posaba en ninguna en especial, como marino errante que para a descansar e...

ESPERANDO QUE ELLOS NO LLEGUEN

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El mundo floral, cuan perfecto. Digno de ver, oler y admirar. Las vemos allí, todas juntas con sus coloridos diferentes, coqueteando con el viento, que las mueve; pero no las arranca, solo las despeina. Jamás desconocen de dónde vienen, orgullosas de su estirpe, de su razón de ser. Tienen sus raíces arraigadas en la tierra madre. Y no quieren que nadie atine a dudar quiénes son y cuáles son sus objetivos en la vida. Para que las abejas se posen en ellas, tratan de sacar lo mejor de sí. Y no salir a robar el brillo de sus pares, trabajan en conjunto, y no importa quién logre atraer con el encanto a las picantes voladoras, deseosas   del buen néctar. Ellas intentarán igualarse, pero nunca competir ni tomar lo que no les pertenece. Comparten enjambres porque eso las poliniza, las regenera, las perpetúa. Los vientos esparcen el polen y las lluvias apagan su sed de vez en cuando.   Pero si escasean los torrentes o el agua pluvial, se conforman con las gotas de rocío que la ...

EL CAPARAZÓN OLVIDADO

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El caracol bichito totalmente denostado por su andar lento, silencioso; pero constante.  Va marcando su paso, y deja su huella pegajosa, para que no se olviden que por allí pasó. No jode a nadie, va en busca de un poco de paz, escondido en su propia burbuja. Resguardado del mal que lo rodea. Del egoísmo presente, del nepotismo del mundo por devorárselo. Devorárselo para saciar una necesidad básica o por puro deporte. Cazar al débil, al que no puede defenderse, salvo cuando hiberna y pasa desapercibido, sellando su mundo a través del opérculo que se autodestruye al llegar la primavera. Y así, sin joder a nadie, el mundo se mete con su mísera presencia.  Las hormigas acechan aprovechando su letargo y buscan penetrar perforando su coraza dormida. Y se lo tragan cuán majar del día. Ellas no se apiadan de su solitaria presencia, ni de la bondad que irradia su historia; solo se atoran ante tanta saliva. ¿Por qué no le perdonarán la vida? ¿Creerán que es un ser que no merece sob...

LA PEOR CITA DE LA VIDA

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Todos nos deleitamos contando millares de anécdotas de salidas y encuentros que fueron memorables, apasionados. Que han marcado un momento de nuestra vida que sería digno de repetirse una y otra vez. Pero poco sabemos de esa cita que nunca volveríamos a tener en mil y una noche, o peor aún en mil y una vida. En esos anocheceres o amaneceres que de mágicos sólo tienen el final. Ahí es dónde vamos ahondar en estas largas líneas, de cortas noches que parecieron eternas para los protagonistas. O al menos para uno de ellos (Yo). Ella era una adolescente, un poco susanezca , los que leímos Mafalda sabemos a qué nos referimos con ese término; y el que no, no sabe lo que se ha perdido hasta el momento. Su nombre me suena, Andrea. Andrea estaba sola, tenía edad para estarlo. Su mejor amiga de 19 años, igual que ella, se había puesto de novia, con un chico algo mayor, solvente, y con varios amigos ávidos de chicas para enganchar (estaba de moda en ese ambiente este tipo de presentaciones)...